Poco a poco
Todas las figuras de escayola
Se amontonaban
Reventadas, fracturadas, dislocadas
Por el suelo
Cubierto de polvo blanco
Los pedestales
De jaspe oscuro
Se extendían
Hasta perderse en el infinito
Vacíos, solitarios, silenciosos.
Ya no quedaba nada de mis amados ídolos
Dioses poderosos
Magos y hechiceros
Guardadores de misteriosos y emocionantes arcanos
Bellas ninfas
Hadas luminosas
Sensuales
Llenas de sabiduría
Sólo eran
Estatuas de yeso
Maniquíes policromados
Basura en lo alto de columnas jaspeadas
Columnas oscuras
Manchadas de polvo pálido
Asfixiante
Que lo llenaba todo
Como una torpe
Mortaja.








